Ansiedad social en fiestas lésbicas: cómo bajarle un cambio
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Un espacio seguro no es lo mismo que un espacio sin ansiedad. Podés estar en la fiesta lésbica más cálida del mundo y aun así sentir que el corazón se te va a salir del pecho apenas cruzás la puerta. Eso es ansiedad social, no una señal de que el lugar no es para vos.
Por qué pasa incluso en un lugar "seguro"
La ansiedad social no discrimina por contexto: conocer gente nueva, exponerte, que te miren, son gatillos habituales estés donde estés. Un espacio pensado para la comunidad baja el riesgo de rechazo por tu identidad, pero no elimina los nervios de socializar en general.
Estrategias que ayudan
- Ir con una excusa concreta: un trago en la mano, mirar el line up de DJs, ubicar el baño. Tener una "tarea" pequeña baja la presión de tener que "socializar bien" todo el tiempo.
- Darte permiso de quedarte en los bordes un rato antes de meterte al medio de la pista.
- Ir con una amiga si podés, aunque sea solo para los primeros veinte minutos.
- Recordarte que nadie está evaluando tu desempeño social. La mayoría está demasiado ocupada con sus propios nervios como para juzgar los tuyos.
No tenés que quedarte hasta el final
Ir una hora y volverte ya es un logro. No hace falta aguantar toda la noche para que "cuente" como una buena experiencia. Con el tiempo, ir se vuelve más fácil —pero cada vez que vayas, aunque sea poco, suma.