Bingo queer: por qué volvió el bingo a las fiestas lésbicas
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Si te dicen bingo pensás en un salón de barrio un domingo a la tarde. Pero el bingo que se juega hoy en las previas de las fiestas lésbicas de Buenos Aires es otra cosa: hay una conductora que la rompe, hay premios ridículos y hay un bar lleno gritando los números. Es, básicamente, un show con cartones.
Cómo es la versión queer
La mecánica es la de siempre: cartones, bolillero, línea y bingo. Lo que cambia es todo lo demás. Los números vienen con chistes, los premios van desde una botella hasta una entrada para la próxima fiesta, y entre ronda y ronda hay música. Algunas ediciones tienen temática: el bingo tortón, el bingo patrio, el bingo de San Valentín. El de la previa de Fiesta Femme en Feliza, por ejemplo, se juega con varios cartones por persona y premios que van subiendo hasta el final.
Por qué funciona tan bien
- No hay que saber nada: a diferencia de una trivia, cualquiera puede ganar.
- Da para hablar: cantar un número en voz alta ya rompe el hielo con la mesa de al lado.
- Dura lo justo: una hora, una hora y media, y después la noche sigue.
Consejos para jugar
Llegá temprano para conseguir mesa con buena vista a la conductora. Llevá una lapicera, porque siempre faltan. Y si ganás, aceptá el premio con gracia y gritá lo que corresponde: el bingo lésbico es ruidoso por diseño.
Lo mejor del bingo es que mezcla a todas: la que vino sola, el grupo de amigas de siempre, la pareja que recién empieza. Por una hora, todas miran los mismos cartones.