Los ciclos under de los 90: la escena que precedió a las fiestas de hoy
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
En los años 90, buena parte de la vida nocturna LGBTIQ+ de Buenos Aires pasaba por ciclos under: noches organizadas de forma independiente, muchas veces en espacios prestados o alquilados por poco tiempo, sostenidas por la energía de quienes las armaban más que por presupuesto.
Producción a pulmón
Sin redes sociales ni sistemas de venta de entradas online, organizar una de estas noches implicaba un trabajo enorme de difusión boca a boca, volantes y contactos personales. La sustentabilidad de cada ciclo dependía en gran parte del compromiso de un grupo chico de personas.
Espacios que iban y venían
Muchos de estos ciclos no duraban demasiado tiempo en el mismo lugar: cambiaban de locación, de nombre, de frecuencia, según las condiciones del momento. Esa inestabilidad hacía que estar al tanto de dónde era la próxima fiesta ya fuera, en sí mismo, un signo de pertenencia a la comunidad.
El antecedente directo de hoy
Las fiestas lésbicas mensuales que existen hoy en Buenos Aires, con producción estable, difusión en redes y continuidad en el tiempo, son en gran medida herederas de ese under de los 90: la misma necesidad de un espacio propio, ahora con más recursos y estabilidad.
Lo que no cambió
Lo que sigue igual, treinta años después, es la sensación de entrar a un lugar donde no hace falta explicar nada: esa fue siempre la promesa central de estos espacios, under o no.