Cómo armar una segunda cita que confirme si hay conexión real
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Si la primera cita salió bien, la segunda tiene un rol distinto: ya no se trata de romper el hielo, sino de empezar a ver si la conexión inicial tiene sustancia real detrás.
Subí un poco la apuesta, sin exagerar
Si la primera cita fue un café corto, la segunda puede ser algo un poco más largo o con más actividad: una cena, un paseo más extenso, un plan que dé más tiempo juntas.
Dejá que aparezcan temas más profundos
La segunda cita es un buen momento para ir un poco más allá de lo superficial: valores, cómo se maneja cada una en los conflictos, qué busca cada una en una relación. No hace falta forzarlo, pero si surge, no hay que esquivarlo.
Prestá atención a cómo maneja lo imprevisto
Un plan que no sale como esperaban —el lugar está cerrado, llueve, se cancela algo— es una buena forma de ver cómo reacciona la otra persona bajo un poco de frustración. Dice mucho sobre cómo sería el día a día juntas.
Fijate si la energía se sostiene o se apaga
A veces la primera cita fue buena por la novedad, y la segunda muestra que en realidad no hay tanto en común. Está bien que pase, es justamente para eso que sirve una segunda cita: confirmar o descartar.
Variar el tipo de plan ayuda a ver más
Si la primera cita fue tranquila, probar algo con más movimiento en la segunda —salir a bailar, ir a un evento con gente— muestra otra faceta de la persona que un café nunca va a mostrar. Ir juntas a algo como Fiesta Femme puede ser una segunda cita divertida, siempre que las dos se sientan cómodas con el plan.
No hay apuro
No todas las conexiones se confirman en la segunda cita. Algunas necesitan tres o cuatro encuentros para mostrar su verdadero potencial. Lo importante es seguir prestando atención, sin forzar conclusiones apuradas.