Cómo se arma un buen after (y cuándo conviene simplemente no ir)
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Terminada la fiesta, siempre aparece la pregunta: ¿nos vamos a un after o cada una para su casa? No hay una respuesta única, pero sí algunas señales que ayudan a decidir bien.
Cuándo un after vale la pena
El mejor after suele salir con gente que ya conocés o con quien tuviste buena onda toda la noche, no como plan armado de cero con desconocidas a las seis de la mañana. Si el grupo tiene ganas reales de seguir —no solo "por no cortar"— ahí suele funcionar.
Señales de que conviene irte a dormir
- Estás agotada más allá de lo normal, no solo cansada de bailar.
- No conocés bien a las personas con las que armarías el after.
- Al día siguiente tenés algo importante y ya lo sabés de antemano.
- El plan de after no tiene un lugar ni una hora clara, solo "vemos".
Lo básico para que salga bien
Un after que funciona suele tener pocas personas, un lugar tranquilo (una casa, más que otro boliche), algo de comida a mano y nadie apurando a nadie a quedarse más de lo que quiere. El transporte también importa: coordinar antes cómo se vuelve cada una evita el momento incómodo de las siete de la mañana buscando cómo llegar a casa.
El after no es obligatorio para que la noche haya valido la pena
Muchas de las mejores noches terminan simplemente volviendo a casa después de la fiesta, con la energía todavía arriba pero el cuerpo pidiendo la cama. No hace falta estirar todo hasta el amanecer para que la salida haya sido buena.