La diversidad dentro de la comunidad lésbica: no somos todas iguales
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
De afuera, a veces se piensa "la comunidad lésbica" como un bloque homogéneo. Por dentro es todo lo contrario: hay una diversidad enorme de identidades, estilos de vida, edades, formas de vestirse y de entender la propia orientación sexual.
Distintas formas de identificarse
- Mujeres cis lesbianas y mujeres trans lesbianas, con vivencias distintas pero igual de válidas.
- Personas no binarias que se sienten parte de la comunidad lésbica por su historia y sus vínculos.
- Mujeres bisexuales que también encuentran comunidad y pertenencia en espacios lésbicos.
- Lesbianas que descubrieron su orientación de adolescentes y otras que lo hicieron después de años en relaciones heterosexuales.
Distintos estilos y culturas
Butch, femme, andrógino, deportiva, alternativa, clásica: no hay un "look lésbico" único, aunque a veces los estereotipos digan lo contrario. La diversidad estética es, de hecho, parte de lo que hace interesante caminar por una fiesta lésbica y ver cómo cada una arma su propia identidad.
Distintas formas de vivir el amor y el deseo
Relaciones monógamas, poliamorosas, abiertas; mujeres con hijes y sin; en pareja hace veinte años o recién saliendo del clóset a los 30. Meter a todas en la misma caja simplifica de más una realidad rica y variada.
Por qué esta diversidad es una fortaleza
Una comunidad diversa hacia adentro es una comunidad más resiliente y más interesante. Espacios como Fiesta Femme funcionan bien justamente porque conviven ahí generaciones, estilos e historias distintas en la misma pista, sin que eso sea un problema sino la gracia del asunto.
El desafío hacia adelante
El reto no es que todas seamos iguales, sino sostener el respeto y la comunidad a pesar —y gracias a— esas diferencias. Ahí está, en definitiva, el verdadero sentido de comunidad.