Dos pistas, una noche: cómo moverse entre ambientes en una fiesta
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Una fiesta con dos pistas es dos fiestas en una. En una suena pop y reggaetón para cantar a los gritos; en la otra, electrónica o house para cerrar los ojos y bailar. Está buenísimo tener la opción, pero también genera el clásico problema de grupo: dónde vamos.
Elegir dónde arrancar
Al principio de la noche las pistas todavía se están llenando. Es el mejor momento para recorrer las dos sin apuro, ver qué energía tiene cada una y elegir una base. Un consejo: arrancá por la que menos te tienta. Más tarde, cuando esté llena, vas a saber si vale la pena volver.
Cuándo cambiar
- Cuando el set actual te aburre dos canciones seguidas. Una sola puede ser una transición; dos ya es señal.
- Cuando tu grupo se divide. Es normal: no todas quieren lo mismo a las tres de la mañana.
- Cuando necesitás aire. La pista menos llena suele ser la mejor pausa, mejor que la puerta.
Cómo no perder al grupo
Pacten un punto fijo que no sea la barra, porque la barra siempre está llena de gente que se ve igual en la oscuridad. Un rincón, una columna, el pasillo entre pistas. Y una regla simple: si pasan veinte minutos sin verse, todas vuelven al punto. Ahorra cientos de mensajes que nunca llegan.
El caso de Fiesta Femme
En Fiesta Femme las dos pistas están pensadas para convivir: una de hits para cantar y otra más oscura y electrónica. Mucha gente arranca en la primera, se pasa a la segunda después del cabaret y vuelve para el cierre. No hay un orden correcto; el recorrido es parte de la noche.
Lo que sí vale es no quedarse en un lugar por inercia. Si una pista no te está dando nada, la otra está a treinta pasos.