Historia de los bares gay históricos de Buenos Aires
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
La escena LGBTIQ+ de Buenos Aires que hoy disfrutamos con relativa libertad tiene una historia de décadas atrás, cuando ir a un bar o boliche gay implicaba un riesgo real. Repasar esa historia es también entender de dónde venimos.
Los años de la clandestinidad
Durante buena parte del siglo XX, y en particular durante la última dictadura militar, la comunidad LGBTIQ+ argentina se organizaba en la sombra. Los boliches funcionaban con códigos: puertas sin cartel, avisos que corrían de boca en boca, y una atención constante a la posibilidad de una razzia policial.
Los 80 y 90: la apertura de a poco
Con el regreso de la democracia empezaron a aparecer lugares con un poco más de visibilidad, sobre todo en zonas como San Telmo y Once. Esos espacios fueron pioneros: no solo boliches, también los primeros bares donde se podía ir de la mano sin bajar la vista.
El barrio que se convirtió en referencia
Con los 2000 y la Ley de Matrimonio Igualitario en 2010 —Argentina fue el primer país de América Latina en sancionarla— la escena se consolidó y se hizo más visible en varios barrios porteños, con una oferta cada vez más variada de bares, boliches y fiestas.
De boliches genéricos a espacios propios
Un cambio importante de los últimos años es el paso de "boliches gay friendly" alquilados por una noche, a espacios que son LGBTIQ+ todo el año, con dueños y equipos que forman parte de la comunidad. Feliza, sede de Fiesta Femme, es un ejemplo de esa segunda generación: un lugar propio, no prestado.
Por qué conocer esta historia importa
Cada vez que hoy entrás sin miedo a una fiesta lésbica en Buenos Aires, hay generaciones anteriores que pelearon ese derecho en condiciones muy distintas. Vale la pena tenerlo presente, sobre todo en las noches de festejo.