Lesbianas en la dictadura argentina: un silencio impuesto
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Para entender la historia del activismo lésbico argentino, hace falta mirar primero el período previo: la última dictadura militar, entre 1976 y 1983, fue un contexto de represión generalizada donde cualquier forma de disidencia, incluida la sexual, quedaba forzada a la clandestinidad.
Un contexto de represión generalizada
Durante esos años, la vida pública de cualquier persona LGBTIQ+ implicaba un riesgo real. No existían espacios de organización abierta, y la sola sospecha de homosexualidad podía traer consecuencias graves en un contexto de persecución política y social generalizada.
El silencio como estrategia de supervivencia
Para muchas mujeres lesbianas de esa generación, vivir su identidad implicó directamente no nombrarla en ningún espacio público, ni siquiera dentro de círculos de confianza reducidos. El silencio, en ese contexto, era una forma de protegerse.
Por qué importa conocer este período
El activismo lésbico que empezó a organizarse abiertamente con la vuelta de la democracia en 1983 no surgió de la nada: fue, en gran parte, una respuesta directa a esos años de silencio forzado. Entender ese contexto ayuda a dimensionar lo que significó, después, poder juntarse y organizarse en libertad.
Una memoria que se sigue construyendo
La reconstrucción de esta parte de la historia sigue siendo un trabajo en curso, muchas veces a partir de testimonios orales y archivos personales, porque durante esos años casi no quedó registro público de la vida lésbica del país.