Ley de identidad de género 2012: un hito para toda la comunidad LGBTIQ+
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
En 2012, dos años después del matrimonio igualitario, Argentina aprobó la ley de identidad de género. Permite que cualquier persona pueda rectificar su nombre y género registral sin necesidad de diagnóstico médico, cirugía ni autorización judicial: basta con la sola voluntad de la persona.
Por qué fue tan importante
En el momento de su sanción, fue considerada una de las leyes de identidad de género más avanzadas del mundo, porque despatologizaba por completo la identidad trans: no hacía falta certificado psiquiátrico ni intervención médica para que el Estado reconociera quién sos.
Un hito que atraviesa a todo el colectivo
Aunque la ley está pensada centralmente para personas trans, travestis y no binarias, su sanción fortaleció el marco general de derechos LGBTIQ+ en el país, incluidas las lesbianas, porque consolidó la idea de que la identidad y la orientación de cada persona no necesitan aprobación externa.
El contexto de una década de conquistas
Entre 2010 y 2012, Argentina sumó dos leyes que cambiaron por completo el paisaje legal LGBTIQ+ del país. Esa seguidilla no fue casualidad: fue el resultado de organizaciones que venían militando desde los 80 y 90, articulando entre sí para sostener la agenda en el Congreso.
Hoy, en la calle
Estas leyes conviven con una realidad social que todavía tiene lesbofobia, transfobia y discriminación cotidiana. Pero contar con ese piso legal es, para quienes militan hoy, una base sobre la que construir en vez de empezar de cero.