Novelas de amor entre mujeres para leer en el bondi
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Buenos Aires se recorre en bondi, en subte y en tren, y esos cuarenta minutos diarios son oro para leer. Si lo que buscás son historias de amor entre mujeres, la oferta creció mucho en los últimos años, y varias de ellas están traducidas o editadas en Argentina.
Clásicos que siguen funcionando
Carol, de Patricia Highsmith, es la historia de un amor entre una vendedora joven y una mujer casada en los años cincuenta. Se lee rápido, tiene tensión de principio a fin y, raro para la época, no termina en tragedia. Afinidad, de Sarah Waters, mezcla cárcel victoriana, espiritismo y deseo; es más densa, pero perfecta para viajes largos.
Contemporáneas y livianas
- Rojo, blanco y sangre azul no es lésbica, pero abrió la puerta al romance queer masivo. Si te gusta ese tono, hay un montón de novelas sáficas en la misma línea, muchas en editoriales independientes.
- Las novelas románticas sáficas de editoriales argentinas y españolas suelen tener capítulos cortos, ideales para leer entre paradas.
- Las antologías de cuentos lésbicos son perfectas para el subte: un cuento por viaje.
Argentinas que vale la pena buscar
En las librerías feministas de Almagro, Villa Crespo y San Telmo hay mesas enteras de literatura lésbica local. Autoras contemporáneas publican en editoriales chicas, con tiradas cortas, así que si ves algo que te llama, compralo en el momento. Pedir recomendación a la librera funciona siempre: conocen el catálogo mejor que cualquier algoritmo.
Tips para leer en el bondi
Si te mareás, elegí libros de capítulos cortos y asiento mirando hacia adelante. El formato digital en el celular funciona, pero el libro de papel tiene una ventaja inesperada: la tapa a veces inicia conversaciones. Más de una pareja arrancó con un "ese libro es buenísimo" en la línea 60.
Y si una novela te emocionó, prestala. Los libros lésbicos circulan de mano en mano en la comunidad desde mucho antes de que existieran las redes, y esa tradición vale la pena sostenerla.