Rutina en la pareja: cómo mantener viva la chispa sin dramatizar la monotonía
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Toda pareja atraviesa el mismo arco: los primeros meses son fuegos artificiales, y en algún momento —seis meses, dos años, depende— llega la meseta. Se instala la rutina: las mismas series, el mismo delivery, los mismos domingos. Y ahí aparece el miedo: ¿nos apagamos? Spoiler: no. Pero hay que saber leer la meseta.
Defensa de la rutina (sí, en serio)
Primero, una reivindicación: la rutina es un logro. Significa que construyeron un cotidiano donde las dos están cómodas, que el vínculo pasó del espectáculo a la casa. El problema no es la rutina en sí: es cuando el piloto automático reemplaza a la elección. La diferencia entre "estamos cómodas" y "estamos desconectadas" es sutil pero se siente. La pregunta honesta es: ¿seguimos eligiéndonos o solo seguimos?
Gestos chicos que reconectan
- La pregunta nueva: después de años, creés que sabés todo de ella. Mentira. Preguntale algo que nunca le preguntaste: un miedo, un sueño raro, un recuerdo de infancia. La curiosidad es el antídoto más barato contra la desconexión.
- El mimo sin motivo: el mensaje lindo un martes cualquiera, la flor comprada en el semáforo, su comida favorita sin fecha especial. Lo inesperado despierta.
- Tocarse más: literal: el abrazo largo, la mano en el sillón, el beso de más de dos segundos. El contacto físico cotidiano se erosiona en silencio y se recupera con intención.
Sacudones programados
Suena contradictorio programar la espontaneidad, pero funciona: una noche de cita innegociable por mes, un plan que ninguna hizo nunca cada tanto, una salida a bailar cuando el sillón ya ganó demasiadas veces seguidas. Volver a la pista de baile con tu novia de años tiene un efecto documentado por la sabiduría popular sáfica: te acordás de cuando era la chica desconocida que te moría de ganas de conocer.
Cuándo la meseta es otra cosa
Ojo: si además de rutina hay silencio hostil, cero ganas de compartir o alivio cuando la otra no está, eso no es monotonía: es una conversación pendiente, quizás con ayuda profesional. La rutina se ajusta con gestos; la desconexión profunda se habla.
La chispa de largo plazo no es la de los primeros meses: es mejor. Es la que se enciende a voluntad, porque las dos saben dónde está el encendedor. Usenlo seguido.