Salir del closet en el trabajo: qué pensar antes de decirlo
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Salir del closet en el trabajo es una decisión distinta a salir del closet en la familia o con amigas: hay jerarquías, hay contratos, y a veces hay leyes de por medio que te protegen más o menos según el país y la empresa. Vale la pena pensarlo con la cabeza fría, no solo con las ganas de dejar de esconder algo.
No es obligatorio contarlo
Podés tener una vida laboral plena sin hablar de tu vida privada en la oficina, del mismo modo que muchas personas heterosexuales tampoco cuentan detalles íntimos de su pareja en el trabajo. No contarlo no es "estar en el closet a medias" ni una traición a vos misma: es una elección legítima de privacidad.
Señales de que el ambiente es seguro
- ¿Ya escuchaste comentarios homofóbicos, aunque sean "en broma", sin que nadie los frene?
- ¿Hay compañeras o compañeros abiertamente LGBTIQ+ en tu equipo o en la empresa?
- ¿Existen políticas escritas de diversidad, o solo un cartel en la pared que nadie aplica?
Ir de a poco funciona
No hace falta un anuncio general en una reunión. Muchas empiezan contándoselo a una compañera de confianza, y desde ahí la información se va acomodando sola, sin que vos tengas que sostener veinte conversaciones iguales.
Si el ambiente no da
Si sentís que el lugar no es seguro, priorizar tu estabilidad laboral y tu seguridad no es cobardía, es estrategia. Podés seguir viviendo tu identidad plenamente fuera de ese horario, y buscar en paralelo espacios donde no tengas que medir cada palabra.