Ser lesbiana en un pueblo chico: cómo sostenerte hasta poder moverte
Por Lola Almada — Cronista nocturna. Lesbiana, porteña y de madrugada: si hay una fiesta en Buenos Aires, ya estuvo.
Ser lesbiana o bisexual en un pueblo chico del interior trae un desafío particular: todo el mundo se conoce, los chismes viajan rápido, y a veces sentís que no hay ningún lugar donde ser vos misma sin que se entere media localidad. No es paranoia, es una realidad concreta de los pueblos chicos.
La privacidad se maneja distinto
En una ciudad grande podés elegir en qué círculos contarlo y en cuáles no, con cierto margen de anonimato. En un pueblo chico ese margen es mucho más finito. Está bien ser más cautelosa con quién y cuándo lo contás, y eso no es cobardía: es adaptarte al contexto real en el que vivís.
Internet como puente
Mientras el entorno físico no ofrezca espacios, internet puede ser tu primer punto de contacto con otras personas LGBTIQ+: grupos, foros, cuentas de la comunidad. No reemplaza el contacto presencial, pero ayuda a no sentirte tan sola mientras tanto.
Planificar visitas a la ciudad
Si tenés la posibilidad de viajar de vez en cuando a una ciudad más grande, aprovechar esos viajes para ir a algún evento o fiesta pensada para la comunidad puede darte un respiro importante. Volver a tu pueblo con esa experiencia fresca ayuda a sostener el resto del tiempo.
No es para siempre necesariamente
Muchas personas del interior terminan mudándose, al menos por un tiempo, a ciudades más grandes cuando pueden. Si esa es tu meta, no hay apuro en cumplirla ya: podés armar el plan de a poco, sin la presión de que tiene que ser inmediato.